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Panorama Internacional de la ESS: RIPESS

Autor/a: 
Eric Lavillunier - Coordinador general de RIPESSEU (traducido por Jordi Ribas).

La Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social y Solidaria (RIPESS) está compuesta de redes continentales - Latinoamérica y Caribe (RIPESS-LAC), Europa (RIPESS-EU), América del Norte (RIPESS-NA), África (RAESS) y Asia (ASEC) - que a su vez reúnen redes territoriales de ámbito estatal o regional, y redes sectoriales. RIPESS se rige por un principio de solidaridad internacional con el fin de construir y de reforzar una economía que ponga a las personas y al mundo en el centro de su actividad. La red se ha ido construyendo a lo largo de los últimos 20 años en diferentes encuentros clave: de Lima 1997 a Quebec y Porto Alegre 2001, Dakar 2005, Luxemburgo 2009 y Manila 2013. RIPESS organiza foros mundiales cada cuatro años con el fin de crear un nexo para el aprendizaje, el intercambio de información y la colaboración.

RIPESS Europa se formalizó en 2011 en Barcelona, con la participación de representantes de las redes de Bélgica, Francia, Cataluña, España, Hungría, Italia, Luxemburgo, Portugal, Rumanía y Alemania. Otros movimientos han contribuido también significativamente a su configuración y articulación, como es el caso de la ACI (Alianza Cooperativa Internacional) y las respectivas federaciones y confederaciones de cooperativas asociadas, o los encuentros de Mont-Blanc, estos últimos reservados a dirigentes del sector de la economía social de todo el mundo. No obstante, las políticas públicas de la Unión Europea siguen resistiéndose a incorporar el discurso de la ESS y favorecer explícitamente a las empresas, iniciativas innovadoras y emprendimientos sociales, aunque sean motivo de atención, interés y aceptación fuera de los marcos formales de toma de decisiones.

Para entender esta coyuntura, es justo señalar que, por un lado, la ESS es un sector muy joven en comparación con otros sectores y modelos económicos; por otro, parte de conceptos originarios principalmente de los países del sur de Europa y América. Se basa en principios teóricos y políticos relativamente homogéneos, así como en la pluralidad de emprendimientos. Por eso, el concepto de empresa, innovación o emprendimiento social deviene muy amplio, y se acepta de forma generalizada que es la finalidad social de una empresa la que determina en último término si se trata de una iniciativa, o no, de ESS.

En cierto modo, el debate se sitúa cercano al de la responsabilidad social empresarial (RSE, RSC o RSO) o el de la innovación social. La economía social favorece determinados enfoques legales como cooperativas, mutualidades, asociaciones o, más recientemente fundaciones, y también procesos de solidaridad entre sus miembros. En cambio, la economía solidaria, aparecida en los años noventa, incide de forma muy significativa y decisiva en la ampliación del concepto de solidaridad hacia una visión de la economía mucho más comunitaria, social y orientada al bien común.

Desde la economía solidaria se empieza a aplicar por primera vez el enfoque de derechos en los modelos económicos dominantes (derecho al trabajo, al medio ambiente, a la vivienda, a la energía, a la alimentación, a la igualdad de oportunidades, etc.), por lo que se posiciona fuertemente a favor de un cambio sistémico en la visión de sociedad y modelo económico. Eso explica, en gran medida, la debilidad del apoyo político de la Europa institucional, cuyo discurso está integrado plenamente en la economía de mercado como la única opción y referente de desarrollo.

La democracia y los derechos humanos en la economía son el corazón de la ESS, que se compone de colectivos e iniciativas que ponen en el centro los bienes comunes, las personas y las comunidades, en contraposición a las sociedades mercantiles capitalistas cuyo principal objetivo es el lucro y la acumulación de capital. La democracia se detiene a las puertas de la empresa, ya que el número de votos en los consejos de administración y juntas generales es proporcional al número de acciones que se poseen. En cambio, en las cooperativas y asociaciones que conforman la mayor parte de iniciativas de ESS, a cada persona le corresponde un voto (excepto en el caso de las fundaciones). Pero eso es solo una parte de la vitalidad democrática de la ESS.

Observamos, en un contexto de progresiva globalización de la economía, que las crisis económicas en Europa se repiten continuamente y persisten, de forma que manifiestan la tendencia a perpetuar las causas de los problemas actuales que se explicitan en enómenos como la crisis del petróleo o los procesos de liberalización, privatización, deslocalización, precarización del trabajo y aumento del desempleo asociados, entre otros, no son más que evidencias de esta situación. Así mismo, esta circunstancia, forzada por la visión economicista y mercantilista de la sociedad, en muchos casos está provocando una homogeneización de las respuestas políticas tanto de derechas como de izquierdas. La economía de mercado se da como un escenario indiscutible movido en esencia por parámetros de crecimiento y de competitividad salvaje. En este contexto, el mundo político en su conjunto, en lugar de buscar soluciones colectivas en connivencia con la sociedad civil, se ponen en manos de los llamados «expertos en economía», a menudo profesionales muy vinculados a los grandes grupos corporativos, que siguen ofreciendo las mismas soluciones, incluso elevando cada vez más los niveles de exigencia hacia las clases sociales más humildes. Los efectos positivos de estas recomendaciones son muy relativos, mientras las desigualdades socioeconómicas y la pobreza no dejan de aumentar, así como la polarización de la dimensión política, el resurgimiento de movimientos de extrema derecha, antidemocráticos, xenófobos y racistas.

En definitiva, y de forma muy sintética, debido a exigencias de extensión del texto, se trata de mostrar que el modelo económico dominante y globalizado está en un callejón sin salida y que es en la visión de lo local y en la inversión en la comunidad, donde podremos (re)construir sobre las ruinas de este sistema capitalista mortífero. Esta visión, por ejemplo, ha sido integrada por el movimiento de Ciudades en Transición: «hay una emergencia ecológica del calentamiento global durante la fase final de la era del petróleo que construyó toda nuestra economía, así que más que seguir desarrollando políticas públicas, deberíamos organizarnos a escala local para construir alternativas, con el pueblo y para el pueblo». Este fenómeno se está evidenciando en los tiempos actuales y de forma muy generalizada y evidente en los países del sur de Europa, especialmente castigados por la crisis, donde emergen movimientos de base autogestionados, así como infinidad de pequeñas iniciativas innovadoras de ESS.