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Economía social y economía solidaria: algunas precisiones conceptuales

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Extracto del artículo realizado por Juan Carlos Pérez de Mendiguren y Enekoitz Etxezarreta - Adaptación para la publicación de Carlos Rey Bacaicoa (REAS Red de Redes)

Desde una perspectiva institucional y legal, el concepto de economía social nos remite a los tres tipos de entidades que suelen considerarse como sus tipos organizativos tradicionales: empresas cooperativas, mutualidades y asociaciones. Esta familia de organizaciones comparte un tronco común que las vincula a la historia del asociacionismo popular y en particular a la historia del movimiento cooperativo.

Sin embargo, esta identificación de base institucional/legal debe completarse con una referencia de tipo ético-normativo que presenta las entidades de la economía social como «una forma diferente de hacer empresa». Esta diferencia se manifiesta en su compromiso fundacional con una serie de valores y principios de actuación que estructuran su lógica organizativa y su actividad empresarial de acuerdo con los siguientes elementos:

  1. una clara preeminencia de las personas sobre el capital (tanto en la toma de decisiones como en el reparto del excedente);
  2. la apuesta por la autonomía y democracia en la gestión;
  3. la solidaridad (interna y externa); y
  4. la prioridad del servicio a sus miembros y a la comunidad por encima de la consecución de beneficios (Monzón, 2003; Chaves et al., 2003).

Véase también la Ley de Economía Social 5/2011.

Por otra parte, el concepto de economía social goza de una amplia tradición en la literatura académica y tiene una clara referencia internacional en el Ciriec-Internacional que, a pesar de los matices derivados de los diferentes entramados jurídicos y de los diversos contextos sociohistóricos en los que se ha desarrollado el término, ha contribuido a generar una definición que goza de aceptación en el contexto europeo. Esta definición, además de hacer referencia a los ya citados principios, organiza las entidades que lo forman en dos subsectores: el de mercado y el de no mercado (Monzón y Chaves, 2012, 2011; Etxezarreta y Morandeira, 2012).

Por su parte, el concepto de economía solidaria hace referencia a un conjunto heterogéneo de enfoques teóricos, realidades socioeconómicas y prácticas empresariales que desde el último cuarto del siglo XX vienen desarrollando un creciente sentido de pertenencia a una forma diferente de entender el papel de la economía y los procesos económicos en las sociedades contemporáneas. Frente a la lógica del capital, la mercantilización creciente de las esferas públicas y privadas y la búsqueda de máximo beneficio, la economía solidaria persigue construir relaciones de producción, distribución, consumo y financiación basadas en la justicia, la cooperación, la reciprocidad y la ayuda mutua. Frente al capital y su acumulación, la economía solidaria aboga por situar a las personas y su trabajo en el centro del sistema económico, otorgando a los mercados un papel instrumental siempre al servicio del bienestar de todas las personas y de la reproducción de la vida en el planeta (Pérez de Mendiguren et al., 2009).

Además de obvios vínculos históricos y conceptuales con la economía social, la economía solidaria reúne en su cuerpo teórico conceptos e ideas con origen en Latinoamérica y Europa (Pérez de Mendiguren, 2013; Guerra, 2011, 2010; Da Ros, 2007) y se refiere a un conjunto heterogéneo de prácticas que se manifiestan en todas las esferas del proceso económico (es decir, producción, distribución, financiación y consumo), que buscan garantizar la seguridad de los medios de vida de las personas y democratizar la economía y los procesos económicos (Coraggio, 2011; Laville y García, 2009).

No existe una definición comúnmente aceptada sobre el concepto. Sin embargo, y a pesar de las diferencias, existe en la todavía escasa literatura sobre el tema cierto consenso en relación con el carácter multidimensional del concepto (Coraggio, 2012, 2011; Guerra, 2013, 2010; Martínez y Álvarez, 2008), que recogería al menos tres dimensiones complementarias. Cabe identificar en primer lugar una dimensión teórica interesada en construir un paradigma alternativo sobre la economía, que parte de la crítica al paradigma convencional. Los referentes teóricos sobre los que sustentar esta visión alternativa son de naturaleza diversa e incluyen tanto contribuciones de la antropología y la sociología crítica como de las diferentes corrientes de la economía crítica europea y latinoamericana (Laville, 2009, 2004; Martínez y Álvarez, 2008; Hintze, 2010; Coraggio, 2009).

La segunda dimensión se refiere a la idea de economía solidaria como una propuesta política de transformación social hacia un modelo socioeconómico alternativo al derivado de la lógica capitalista. Los mecanismos de transformación y las dinámicas que adoptan estas propuestas de superación del capitalismo no se presentan como modelos cerrados, sino como tránsitos hacia horizontes posibles, en los que los procesos económicos estén al servicio de la reproducción de la vida y sometidos a procesos democráticos participativos e inclusivos. En función de los autores, estos procesos en construcción vinculan la economía solidaria con la construcción de una economía plural (Laville, 2010), economía del trabajo (Coraggio, 2007), economía matrística (Arruda, 2005, 2004) o alguna modificación o derivado de los anteriores (Guerra, 2011).

La tercera dimensión identifica la economía solidaria con un tipo específico de empresa basada en la democracia, la autogestión y el empresariado colectivo (Martínez y Álvarez, 2008), y que busca funcionar con una lógica diferente a las de las organizaciones mercantiles tradicionales. En este sentido, muchas de las organizaciones o empresas de las que se identifican como de economía solidaria, adoptan discursos y formas institucionales típicas de la economía social clásica (cooperativas, mutuales y asociaciones) aunque no exclusivamente. Desde el punto de vista geográfico, están localizadas tanto en países y regiones del llamado  Primer Mundo como en países del Tercer Mundo, y su actividad puede estar relacionada con cualquiera de las esferas del proceso económico (Martínez y Álvarez, 2008; Askunze, 2013, 2007).

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