Pasar al contenido principal

Monedas Sociales

Autor/a: 
Blanca Crespo Arnold - REAS Andalucia

El dinero no sólo es unidad de cambio y depósito de valor, sino también, como recuerda Javier Mateo, una herramienta de poder; un poder alejado de la ciudadanía, tanto en su emisión y las normas que lo rigen, como en su acceso y uso. Este distanciamiento tiene enormes consecuencias en un mundo mayoritariamente mercantilizado como el actual y donde las rentas de capital están vinculadas a un mercado del trabajo cada día más inaccesible y precario. Lógicas del Poder con mayúsculas que tienen pésimas consecuencias para el poder con minúsculas: el de la satisfacción de las necesidades más básicas de millones de personas y la realización de una vida que, como insiste Amaya P. Orozco, merezca la pena ser vivida.

Como respuesta a esta situación surgen experiencias populares de creación de sistemas monetarios, que «a diferencia de las que se emiten por un sistema centralizado y lleno de problemas como el sistema monetario vigente, [...] circulan con el propósito de cubrir aquellas necesidades que el dinero corriente no logra atender», como explica Jhon J. Lara, fundador de Red Siclos, una red de sistemas de comercio local basado en monedas complementarias en Colombia. Son las llamadas monedas locales, sociales, complementarias o comunitarias, experiencias que, bajo distintas nomenclaturas según especificidades y enfoques, «presentan un aspecto nuevo en el universo económico-monetario: la posibilidad de jugar con ellas, experimentar y darle nuevos valores que en otros casos no es posible», como defiende Israel Sánchez, economista y promotor de la moneda puma.

Bajo esta diversidad (por su origen, objetivo, función, etc...), se halla un aspecto común clave: la facilitación de liquidez a multitud de personas, en muchos casos excluidas por el sistema. Este flujo de capital no sólo posibilita la satisfacción de sus necesidades más básicas, sino que además produce un importante fenómeno de empoderamiento, ya que pone en valor conocimientos y habilidades que el mercado no reconoce. Al ser las propias comunidades las que las crean y gestionan, se generan además procesos participativos y democráticos que fortalecen el tejido social y promueven la cooperación y solidaridad. Por último, se trata de monedas que no generan interés, por lo que carece de sentido acumularlas, lo que fomentan su uso y circulación.

En definitiva, son prácticas de construcción de economía social y solidaria (ESS), donde lo económico no es un fin en sí mismo, sino un medio, al servicio de las personas, comunidades y el medio ambiente en pro del bienestar y el buen vivir.

Las monedas al servicio del Mercado Social

Si bien no todos los mercados sociales cuentan con moneda social propia, sí son importantes herramientas para muchos de ellos. En este marco de relación se encuentran tres tipos de monedas. En primer lugar, aquellas que nacen desde y para los mercados sociales, como herramientas para su construcción y consolidación, con la pretensión de reforzar los intercambios dentro de la misma red y evitar fugas de capital. Se engloban aquí experiencias tales como el ecosol de Catalunya, el boniato de Madrid y el txanpon de Pamplona. En segundo lugar, monedas como el ekhi de Bizcaia y el eusko de Iparralde, impulsadas por movimientos asociativos locales y en proceso de confluencia con el mercado social. Por último, el caso del puma en Sevilla, cuya experiencia y práctica monetaria ha devenido en un ejemplo de protomercado.

Dentro de estos ejemplos resultan destacables por su vocación transformadora iniciativas como el ekhifunding, que destina un porcentaje del dinero detraído por el cambio de ekhi a euros a la financiación de asociaciones y movimientos del ámbito de justicia social, ecología, igualdad de género o lengua y cultura, o la central de abastecimiento del puma, un proyecto de soberanía alimentaria, que ofrece en pumas productos de primera necesidad, que además deben cumplir criterios ecológicos y de proximidad.

Pese al valor y el enorme potencial de este tipo de propuestas, no debemos olvidar que se trata de proyectos con una capacidad de incidencia limitada (en lo referente al número de personas usuarias y al volumen de circulación), por lo que la escalabilidad se presenta como un reto importante. Por otro lado, aunque se está trabajando a escala estatal en la coordinación de muchas de estas experiencias (en abril 2015 tuvo lugar el cuarto encuentro estatal), queda aún camino por recorrer en materia de interconexión, para que por ejemplo sea posible el uso de monedas en otros territorios al de origen.

Con estos retos por delante, se trata de un fenómeno efervescente, inserto en un cambio de cultura económica que, como promulga el ekhi, persigue una «sociedad más equitativa, justa, solidaria y no consumista, en la que los derechos a la salud, la educación, la vivienda, el trabajo digno y libre de explotación estarán asegurados para todas las personas».