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Introducción al Enfoque de Derechos

Autor/a: 
Irene Escorihuela Blasco - Observatori DESC

Los derechos humanos engloban múltiples necesidades, exigencias, valores y formulaciones de «deber ser». Con el paso del tiempo, nuevas reivindicaciones y deseos se han ido incorporando a al catálogo de derechos existentes en todo el mundo. Así, tras la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa (1789) o de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, se encuentran constituciones nacionales, cartas locales e incluso decálogos barriales que recogen derechos y deberes ciudadanos. 

La recolección de los derechos humanos y su plasmación en un texto - con mayor o menor vinculación jurídica - materializa unos consensos programáticos entre un conjunto de personas. Este texto no será una mera declaración de intenciones, sino que servirá de guía para la realización de los deseos en él expresados, o para su exigencia ante la institución, o para ambas cosas. 

Por otro lado, para hablar del enfoque de derechos no es necesario en un primer momento ser conocedores de todos nuestros derechos, plasmados en textos o no, sino que basta con tener una idea genérica de ellos. Es decir, que la relevancia de la defensa de los derechos humanos no solamente radica en su conocimiento particular, sino también en la concepción universal de su existencia y su aporte para la democracia. Es esta idea vaga pero firme la que nos empuja a trabajar con el enfoque de derechos, a cambiar la óptica de nuestras apuestas y actuaciones. De este modo, el enfoque de derechos es la incorporación del prisma de los derechos a la realidad, esto es, tener en cuenta que, cuando hablamos del sistema sanitario estamos tratando el derecho a la salud, o que cuando se reforma la ley del aborto se nos están limitando nuestros derechos sexuales y reproductivos.

Así, si bien el enfoque de derechos nace de forma intuitiva, su aplicación práctica no lo es tanto. Incorporar el enfoque de derechos en nuestro día a día implica un cambio progresivo pero radical en la forma de actuar y relacionarnos. Los derechos humanos se fundamentan en la dignidad humana, y es por ello que todos están interrelacionados: son indivisibles e interdependientes. Una observación parcial o fragmentada de los derechos humanos arremete contra su propia naturaleza. Como consecuencia de esta interconexión, la vulneración de un derecho implica la afectación de muchos otros. A su vez, esto explica que una de las fortalezas del enfoque de derechos sea su integralidad (1), esto es, la aplicación y defensa de los derechos humanos de forma global. Un uso sectorial de los derechos humanos conlleva una desvirtuación de su potencial, ya que no se tendrán en cuenta aspectos relevantes para aquella materia. Al mismo tiempo, la transversalidad del enfoque de derechos humanos es otro de sus puntos fuertes. La transversalidad (2) permite la aplicación del enfoque de derechos en la totalidad de temáticas, en los distintos ámbitos del proyecto o política pública.

Así, la integralidad y la transversalidad facilitan la incorporación de todos los derechos humanos en todas las materias. Por ejemplo, la integralidad del enfoque de derechos en el transporte supone, por un lado, garantizar el derecho a la libre movilidad y desplazamiento como derecho principal, pero por otro lado, velar también por los derechos de las personas con diversidad funcional (mediante rampas de acceso) o de las personas menores (con una adaptación para su disfrute), del derecho a un medioambiente sano (sistemas más ecológicos), a un nivel de vida adecuado (con precios asequibles) o a la vivienda, a la salud, a la educación (bien conectados con los servicios públicos)... Asimismo, la transversalidad de los derechos humanos en el transporte consistiría en una garantía de todos estos derechos no solamente en una política pública en concreto (por ejemplo, en el sistema de autobuses), sino en los múltiples aspectos de la movilidad: red de metro, taxis, tren, transporte urbano e interurbano, transporte de turistas, escolar, coches, motocicletas y bicicletas…

En el caso de la economía social y solidaria (ESS), la integralidad del enfoque de derechos se vería en la promoción de los derechos en su globalidad, no de un derecho concreto de forma aislada (el derecho a la información en relación con el derecho a la cultura y el ocio, por ejemplo). La transversalidad significa que se aplicaría en los distintos ámbitos que forman la ESS (por ejemplo, no sólo en la toma de decisiones, sino en la puesta en práctica de las actividades o en la forma de interacción entre sus entidades).

Finalmente, el enfoque de derechos humanos debe poner especial atención en aquellos grupos en situación de vulnerabilidad, ya que son quienes sufren más vulneraciones y de forma más intensa. El enfoque de derechos ya incorpora en su integralidad esta atención reforzada, pero es importante destacar su necesidad. 

(1) Integralidad: defensa de los derechos humanos de forma conjunta porque todos ellos están relacionados entre sí. 
(2) Transversalidad: defensa de los derechos humanos en todos los ámbitos, no circunscrita a un aspecto estanco sino en todas las esferas.