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Alimentación

Autor/a: 
Laia Fargas Fursa - Observatori DESC

El actual sistema alimentario globalizado ha producido una pérdida creciente y continuada de pequeñas y medianas explotaciones en el campo español desde los años 60. Las consecuencias de este modelo para el derecho a la alimentación y la soberanía alimentaria son evidentes: nos hace dependientes de alimentos kilométricos que además tienen importantes impactos negativos, tanto sociales como ambientales (condiciones de explotación laboral en el ámbito rural, empobrecimiento del campesinado en el Sur global, emisiones de CO2 en el transporte, contaminación de fuentes de agua por uso de agrotóxicos en los cultivos, pérdida de biodiversidad, etc.). Es un modelo injusto e insostenible.

Por un lado, el acceso a una alimentación adecuada está claramente relacionado con la capacidad de consumo, en la medida en que está dentro del mercado como cualquier otro bien. No se han adoptado leyes ni políticas tendientes a garantizarla como un derecho, ni existe control de los precios de los alimentos que asegure la sostenibilidad de las pequeñas explotaciones al mismo tiempo que el acceso de todas las personas a una alimentación adecuada. La concentración del poder de este sistema en la gran distribución o supermercadismo provoca que desde la producción no se puedan negociar precios justos, del mismo modo que desde el consumo no tenemos toda la información necesaria sobre los impactos en la salud de la alimentación agroindustrial.

Este sistema reproduce profundas desigualdades a un extremo y otro de la cadena, y es necesario revitalizar los campos, los mercados locales y el consumo de proximidad, como alternativas a este modelo. Por eso es importante mostrar que existen proyectos alternativos desde la economía solidaria que, fundados en otros valores (equidad, cooperación, sostenibilidad ambiental, entre otros), están revitalizando tierras agrarias abandonadas para autoconsumo y/o para mercados locales, y que producen de forma agroecológica, respetando los ciclos naturales y creando empleo.

Las experiencias que se identifican en esta publicación ya están tratando de reconstruir este tejido productivo y ganadero, como los proyectos que nacen en 2009 de GRIPIA en Cataluña o de Nalda en la Rioja. La ganadería y la producción agroecológica y el consumo de proximidad van de la mano para garantizar el avance de esta transformación del modelo. En este sentido, el papel de las cooperativas de consumo como Landare (en Navarra) o EcoRed (que articula a los/as consumidores/as de Huesca, Zaragoza y Teruel, y a los/as productores/as de Aragón), nos muestra la importancia de romper las dependencias de las grandes cadenas de distribución como otro paso necesario.

Existen otros proyectos que por su más largo recorrido han avanzado en el desarrollo local. Por ejemplo, el colectivo de Amayuelas en el campo castellano-leonés, y la experiencia de Can Masdeu en la ciudad de Barcelona, muy vinculado con su entorno comunitario y que también ha supuesto claros beneficios para su entorno natural (recuperación de fuentes de agua y riego, mantenimiento de la biodiversidad, etc.).

El derecho a la alimentación comprende distintas dimensiones: la disponibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficiente y sin sustancias nocivas para satisfacer las necesidades de las personas; el acceso físico y económico de estos alimentos de forma que no ponga en riesgo otros derechos; la adecuación cultural a valores vinculados a la producción y consumo de alimentos; y la sostenibilidad para que la satisfacción de nuestras necesidades hoy no ponga en riesgo las de las generaciones futuras. Para poder garantizar este derecho, es necesaria la transformación de nuestro sistema alimentario. La sinergia de principios con la economía solidaria en cuanto a la sostenibilidad, la equidad y la participación en la toma de decisiones que afectan a nuestra alimentación hace que podamos reflejarnos en estas experiencias como un camino a recorrer para lograr objetivos comunes.

Estas experiencias alternativas locales muestran en cada uno de sus territorios otra forma de producir, consumir y vivir que tiene en cuenta no sólo nuestras necesidades alimentarias, sino las de las generaciones futuras y las de nuestro medio ambiente, para que podamos satisfacer nuestro derecho a una alimentación adecuada hoy y mañana.