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Comunicación

Autor/a: 
Alba Gómez Gabriel

Renace el cuarto poder

A pesar de haber registrado un pequeño cambio este último año, desde 2008 hasta principios de 2014 se han destruido 11.875 empleos de periodistas en España. En este mismo período han desaparecido 364 medios de comunicación, según el «Informe anual de la profesión periodística 2014». Desde que estalló la crisis, las noticias sobre el cierre de medios o el despido de periodistas se han convertido en habituales y, a pesar de ello, los datos siguen siendo desgarradores: cerca del 47 % de los recién licenciados en periodismo -apunta la misma fuente - llevan entre 1 y 2 años buscando trabajo y en este último año el 85 % de los periodistas encuestados para el Informe afirma haber experimentado reducciones de salario

El paisaje que se vislumbra para la profesión periodística no es muy alentador: mientras los comunicadores y comunicadoras califican con un 4,3 su independencia profesional, la ciudadanía puntúa con un escaso 5,3 su confianza en la información que recibe de los grandes medios. Una tendencia que merma la calidad democrática de una sociedad y que sólo frenará si cambia el escenario de raíz. Pero ¿es posible este cambio? A continuación repasaremos algunas semillas que muestran cómo la crisis puede convertirse en una oportunidad inesperada para la personas que se dedican al periodismo en nuestro país. 

Viejos y nuevos paisajes

¿Cuáles son las causas de la crisis de los medios? ¿La irrupción de internet y de las nuevas tecnologías? ¿El descenso del la publicidad? Para el periodista Pere Rusiñol (Papel Mojado, Debate, 2013), la causa es más profunda y se halla intrínsecamente ligada al capitalismo: «El problema», afirma Rusiñol, es que «donde antes había empresas propiedad de editores de periódico, hoy hay empresas propiedad del sector financiero». Si bien la banca siempre ha influido en los medios mediante la publicidad o la concesión de créditos, las deudas gigantes de los conglomerados periodísticos ha conllevado que actualmente los bancos ostenten también su control accionarial. Fijémonos, por ejemplo, en Prisa: el primer grupo mediático español está hoy controlado por fondos especulativos de Wall Street y por bancos como el Santander, CaixaBank y HSBC. Pero el desmoronamiento del sistema mediático no se explica sólo a partir de este entramado de intereses, la mala gestión de los responsables de los medios también ha jugado un papel relevante. El caso de El País sigue siendo ilustrativo: con el salario que el directivo Juan Luis Cebrián cobró en 2011 se podría haber cuadruplicado la plantilla del periódico, es decir, contratar quinientos redactores y redactoras, aunque el directivo optase, paradójicamente, por impulsar un ERE y despedir 129 trabajadores y trabajadoras. 

Ante esta situación desoladora, ¿qué pueden hacer los/as periodistas? Hay muchas posibilidades como, por ejemplo, gestionar ellos/as mismos los medios y probar ejercer un periodismo más independiente. Así lo hicieron en Berlín las personas socias cooperativistas de Die Tageszeitung o en Manchester, los editores de la cooperativa Ethical Consumer, entre muchos otros. En España, donde los/as periodistas han lanzado más de 450 medios de comunicación desde 2008, se está configurando una red de medios de comunicación alternativos y cooperativos cada día más sólida. 

Desde las cenizas

El 23 de febrero de 2012 Público se imprimió por última vez. Aunque la cabecera estaba a punto de acariciar la rentabilidad, los intereses empresariales de su directivo, Jaume Roures, y una gestión poco transparente desencadenaron el cierre del diario de corte progresista. A pesar de todo, la noticia tuvo una vertiente positiva para el periodismo: desde sus cenizas nacieron nuevos medios, en la mayoría de los casos impulsados y gestionados por los mismos periodistas. En abril de 2012 se cocieron el mensual satírico Mongolia y el digital Eldiario.es, este último de estructura cooperativa. Del afán de los ex trabajadores y trabajadoras de Público surgieron también el portal de comunicación científica Materia o la revista de fútbol Libero, y a finales de 2012 llegó al quiosco el primer número de La Marea, una revista mensual editada por la cooperativa de trabajo asociado MasPúblico. «La diferencia entre La Marea y otros medios del establishment se basa en el modelo de negocio: todos las personas socias tenemos el mismo poder de decisión y nuestra rentabilidad sólo depende de las ventas, porque la publicidad, que está regulada por un código ético, representa solamente el 5% de los ingresos», explica Brais Benítez, socio cooperativista. El lanzamiento de este medio fue posible gracias al micromecenazgo de más de quinientas personas y en estos momentos ya tiene 2.600 subscritores/as, una plantilla de cinco jornadas y media y distribuye 7.000 ejemplares en papel por toda España. «El hecho de no depender de grandes inversores, de publicidad o de subvenciones nos permite, a nuestro entender, salvaguardar el derecho de información», concluye Benítez.

La fecundidad de la plantilla del desaparecido Público no se frenó en 2013, momento en el que nacieron el portal Infolibre, el blog de opinión El Mono Político y el mensual de papel Alternativas Económicas, también de propiedad cooperativa.

Desde los movimientos sociales

Del seno de los movimientos sociales nació en marzo de 2005 el periódico quincenal Diagonal, editado por la Asociación Punto y Coma, Comunicación y Prensa, que actualmente distribuye 10.000 ejemplares en diferentes puntos del territorio español. Desde 2011 la plantilla -y su amplísima red de colaboradoras - hicieron una apuesta decidida por el formato web y hoy, con más de 5.400 subscritoras, es una de las cabeceras de referencia de periodismo crítico, independiente y arraigado a las redes de economía social y solidaria españolas. 

El mismo punto de partida, escuchar las alternativas de los movimientos sociales, inspiró a la Asociación para la Difusión Sin Límites (ADSL) en el momento de crear La Directa en 2006. El quincenal de información y análisis crítica, que hoy está en proceso de conversión en cooperativa, pone el foco en la actualidad de los Países Catalanes y es posible gracias a una red de más de doscientas personas colaboradoras y 2.300 suscriptoras. 

Mucho más reciente fue el nacimiento, en septiembre de 2014, del medio cooperativo Crític, un digital con sede en Barcelona que apuesta por el periodismo de investigación y por sacar a la luz temas invisibilizados en los medios convencionales. «Practicamos slow journalism, es decir, periodismo no sometido a la rapidez ni a la inmediatez de los grandes medios», argumenta Roger Palà, socio fundador y director. Para los periodistas de Crític, el derecho a la información está relacionado con la financiación de los medios. «Los medios de masas tienen pocos pagadores y grandes anunciantes que acaban filtrando la información, razón por la cual dependen del poder político», defiende Palà. Crític, que tiene una plantilla muy reducida como la mayoría de medios de nueva creación, incrementa día a día la red de personas subscritoras, que hoy suman 1.300. Del mismo modo que La Marea avanza en el camino para ser sostenible en el medio plazo. 

Paisajes de futuro

Fet a Sant Feliu, Contrapunt, L'Independent de Gràcia, Cafè amb llet, Ariet, Districte 11, Salmon a contracorriente… La lista de proyectos periodísticos autogestionados y cooperativos es cada día más larga. Pero, ¿Qué pasará con el futuro del periodismo? Para Roger Palà, «los grandes medios seguirán configurando la actualidad, pero ya no tendrán credibilidad y esto seguirá abriendo una ventana de oportunidades a los medios independientes, que lideraran transformaciones en el escenario comunicativo global». Hay quien defiende que internet será clave en este cambio de paradigma, quien confía en que los buenos contenidos resistirán a pesar de los formatos, quien defiende que la propiedad de los medios será el epicentro del debate y quien teme que el cuarto poder seguirá secuestrado por la banca. Pero, más allá de las conjeturas, hay un hecho incuestionable: hoy muchos y muchas periodistas ya trabajan desde sus pequeños espacios cotidianos para que la ciudadanía recupere su derecho a la información de calidad.